Documents of 20th-century Latin American and Latino Art

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Resumen

El documento parte de una afirmación: la pintura colombiana no tiene pasado. Para la crítica argentina Marta Traba, la producción plástica nacional que va desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX no plantea ningún interés para el arte; no manifiesta ningún rasgo de creatividad; es pintura frívola y servil. Reconoce, en los artistas del siglo XIX, el aprendizaje técnico logrado en su obra. Sin embargo, a su juicio, ninguno de los artistas del siglo XX que menciona —Luis Alberto Acuña Tapias, Alipio Jaramillo, Pedro Nel Gómez, Carlos Correa e Ignacio Gómez Jaramillo— planteó una propuesta revolucionaria alguna. La obra de todos ellos es, a su juicio, altamente conservadora, sin que “ni el socialismo pictórico, ni el realismo, ni esas horrendas distorsiones” llegaran a “conmover las formas tradicionales de la pintura”. Considera que sólo hasta la llegada del pintor Alejandro Obregón y después de él, de otros artistas nacionales, la pintura colombiana se libera de la imposición de temas, otorgándole al artista aludido un lugar fundacional en la pintura moderna colombiana. Otros artistas pioneros de la modernidad artística serán, en su ponderada opinión, Ramírez Villamizar, Fernando Botero, Guillermo Wiedemann, Enrique Grau. Traba concluye reconociendo también las calidades plásticas de Judith Márquez Montoya, de Cecilia Porras de Child y de Carlos Rojas, estudiante, entonces, al que incluye por considerarlo una promesa para el arte nacional.  

Comentarios críticos

El documento evidencia la posición beligerante de la crítica argentina, radicada inicialmente en Bogotá, Marta Traba (1923–83), durante las décadas del cincuenta y sesenta en el país. Traba llega a Colombia en 1954 y desde el inicio de su labor crítica formula su propuesta plenamente a favor del arte moderno. Dadas las discusiones y resistencias todavía en contra de la modernidad artística, ello implica que debió asumir una posición de debate no solamente artístico sino de la cultura en general, orientando su crítica a propiciar las rupturas con las tradiciones artísticas locales en busca de un público y de una práctica artística a favor del arte moderno. Durante dicho período, Traba somete a tabula rasa la producción artística que antecede a los —por ella considerados— “artistas modernos”. A su vez, cuestiona de manera radical la producción de los artistas llamados “Los Bachués” mencionados en el artículo incluyendo, con ellos, a los pintores muralistas mexicanos por considerar nefasto su papel en el escenario artístico latinoamericano.  

Durante los años setenta, la crítica re-evaluará su posición. Un hecho que va de la mano de otros acontecimientos en el campo artístico en el país, como lo fueron: la irrupción de nuevos críticos e investigadores (en particular historiadores, filósofos y artistas) en el arte nacional; el inicio al estudio de los paisajistas de comienzos de siglo XX y la primera exposición de paisajistas colombianos en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en 1975; y la publicación de la Historia del Arte Colombiano organizada en siete tomos y bajo la dirección de Eugenio Barney Cabrera (1977), entre otros eventos que amplían históricamente y ponen en valor la producción plástica nacional, hasta esa fecha desconocida, de los artistas tanto del siglo XIX como de las primeras décadas del veinte.    

 

Investigador
Ruth Acuña Prieto
Equipo
Universidad de los Andes, Bogota, Colombia
Crédito
Courtesy of Fernando Zalamea Traba, Bogotá, Colombia