Documents of 20th-century Latin American and Latino Art

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    Resumen

    Antenor Orrego declara en este artículo que México y la Argentina representan los dos extremos que puede emplear Latinoamérica para gestionar su relación con Europa. Por una parte, México ha rechazado la cultura europea por completo. Según explica Orrego, sin duda México le resulta incomprensible a Europa, y las formas de cultura europea que existen allí se han desintegrado o han sido arrasadas por la Revolución. Argentina, por su parte, ha absorbido satisfactoriamente la cultura europea y, como resultado, el país resulta fácilmente comprensible para los europeos. En otras palabras: México ha quedado aislado de Europa, mientas que Argentina es accesible. Estas dos posturas en su vínculo con respecto a Europa quedan abarcadas dentro del nuevo “espíritu” americano y representan el “meollo” de lo que Orrego denomina en términos exagerados la nueva “raza superlativa”.A seguir, sostiene que la amenazante presencia de los Estados Unidos debería impulsar tanto la organización de los latinoamericanos como la debida búsqueda de su destino como pueblo indoamericano. Tal etapa de formación está marcada de manera más significativa, según concluye, por “la mexicanización y argentinización de América”. 

    Comentarios críticos

    Antenor Orrego (1892-1960), escritor y filósofo peruano, escribió este texto para la revista Amauta en 1928. Publicada en Lima y editada por el crítico José Carlos Mariátegui (1894-1930), Amauta fue uno de los principales foros para el debate en torno al problema del nacionalismo en el arte y la cultura americana durante la década de veinte. En este texto, Orrego sostiene que las distintas y opuestas relaciones de México y Argentina con la cultura europea —México la ha rechazado y el país resulta incomprensible para los europeos, mientras que Argentina la ha adoptado y es enteramente comprensible— deberían constituir el modelo para la nueva y naciente cultura indoamericana que se halla en proceso de formación. Según su teoría, estos dos países ubicados en los extremos norte y sur de Latinoamérica deberían verse como agentes de influencia cultural más allá de las fronteras de sus respectivos países. Es con este espíritu que Orrego califica la Revolución Mexicana como un suceso panamericano. Es más, destaca que el desarrollo cultural de México y Argentina invirtió el flujo de influencia, ya que actualmente es la periferia la que ejerce influencia sobre el centro.