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El artículo se centra en dos sucesos: la participación de Orozco en la exposición estudiantil de la Academia de Bellas Artes de San Carlos en la fecha crítica de 1910 y sus inicios como caricaturista en periódicos de oposición. Para celebrar el primer centenario del Grito de Dolores, el gobierno preparó una gran exposición de pintura española contemporánea (obra de Zuloaga y Sorolla, entre otros), lo cual provocó una amplia protesta estudiantil. José Clemente Orozco (ya con estudios previos en la Escuela de Agricultura de San Jacinto donde se recibió de perito agrícola y con cuatro años en la Escuela Nacional Preparatoria con la vaga idea de estudiar arquitectura), había ingresado a los cursos nocturnos de la Academia. En esa época no era más que uno de los jóvenes que no obtendrían reconocimiento, ni sobresaldrían como pintores, sino que estaban condenados a terminar trabajando en un taller, como oficiales. En opinión de Orozco, incluso en la mediocridad de “haber entrado a la edad de quince años, y salir después de los cuarenta sin acabar de saber si las sombras se pintaban con negro de humo o con negro de hueso. La Academia fue, y parece que sigue siendo, un almacén de momias y de fósiles”. El Doctor Atl encabezó un grupo de cincuenta pintores (entre ellos Orozco) y diez escultores. Lograron que se les diera dinero para montar una exposición colectiva en septiembre con relevante éxito. Atl propuso la creación de una sociedad bautizada con el nombre de “Centro artístico” cuyo único objetivo era, según comenta, “conseguir del gobierno, muros en los edificios públicos, para pintar”. Proyecto interrumpido por el inicio de la Revolución Mexicana, lo cual provocó que Orozco buscara trabajo como caricaturista en periódicos de oposición.
En la primera entrega (de un total de once publicadas, del martes 17 de febrero al 8 de abril de 1942) se señala que: “debemos advertir que el celebérrimo muralista, nunca, según el mismo nos lo ha declarado, había jamás, antes de ahora, accedido a relatar su propia vida”. José Clemente Orozco (1883-1949) contaba ya con casi sesenta años, cuando se decidió a dictarla en forma de artículos. Se trata, más bien, de una amplia recopilación de ironías, paradojas, retratos hablados, anecdotario de política, historia, literatura, cultura ética. Antecedente de esta autobiografía selecta sería lo que Justino Fernández menciona sobre Orozco; quien, en su consideración, empezó a redactar algunos artículos en 1945 sobre su niñez en Guadalajara, aunque años después los haya destruido. El grupo de alumnos, encabezado por el Dr. Atl —Gerardo Murillo (1875-1964), personaje que Xavier Moyssén considera como fundamental en la vida de Orozco—, consiguió, por parte de la Secretaría de Instrucción, el recién construido anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria para decorar sus muros. La vorágine revolucionaria anunciaba su inicio oficial el 20 de noviembre, el mismo mes en que los alumnos preparaban exponer su obra. Pilar García de Germenos, en el catálogo de la exposición 1910: el arte en un año decisivo; la exposición de artistas mexicanos [1991] argumenta que, al pintar los murales en la Escuela Nacional Preparatoria, Orozco y sus compañeros tal vez hubieran puesto sus pinceles al servicio del porfiriato. La revolución interrumpió sus planes; motivo por lo cual no se podría considerar a tal hecho como precursor del muralismo. Lo cierto es que Orozco tendrá que trabajar como caricaturista en El Hijo del Ahuizote, publicación de oposición al régimen maderista. En ella define claramente su postura ante la revolución.