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La nota reseña los comentarios de algunos pintores sobre las posibles modificaciones al plan de estudios de la Escuela Nacional de Bellas Artes y de las Escuelas de Pintura al Aire Libre. Aún cuando se reservan detalles de los cambios, porque los profesores quieren —antes de darlos a conocer— discutirlos y aceptarlos, el maestro Argüelles, Secretario de la Academia comentó algunas de las modificaciones. Entre ellas: la introducción de algunas medidas enérgicas para lograr mayor disciplina entre los alumnos del plantel e imponer requisitos de edad y nivel escolar a los alumnos que quieran ingresar a las escuelas libres de pintura. El articulista comenta su desacuerdo con el último punto ya que, para él, el único propósito de tales centros es permitir a los niños y obreros gozar de un rato sano. El reseñista apunta que, a pesar del sonado triunfo de las pinturas de los niños indios obtenido en Paris, el maestro Argüelles considera la educación pictórica de los centros libres como un mero pasatiempo cultural con resultados por momentos agradables, pero jamás dignos de tomarse en cuenta. Además, se recogen los comentarios del pintor Roberto Montenegro. A su juicio, es una necedad que las escuelas libres de pintura dependan de la rancia dirección de la Academia, la cual ha vuelto a caer en manos de los reaccionarios. Sería preferible pertenecer al Departamento de Bellas Artes, donde hay un verdadero espíritu moderno. Por su parte, Diego Rivera afirma que los admirables resultados obtenidos en las escuelas ha sido la condición de admisión libre y fuera de cualquier tipo de reglamentos. Finalmente, Rafael Vera de Córdoba, quien también se expresó a favor de no reglamentar las escuelas, advierte que los directores de estos centros están conformes de pertenecer a la Universidad, pero desconfían del personal de la Academia.
La nota da cuenta de la diversidad de opiniones que despertaron las escuelas libres, tanto entre los artistas conservadores como entre los más liberales. Las escuelas no sólo planteaban problemas de tipo pedagógico sino que los resultados presentados por sus alumnos, afirmaban de alguna manera el cambio de dirección dentro del concepto del arte. Hacia 1927, y ante los elogios recibidos por la exposición de los trabajos de las escuelas al aire libre en su trayecto por Europa, Alfonso Ramos Martínez (1872-1946), descuidó su gestión como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Le restó recursos económicos para mantener su proyecto de enseñanza libre. Por su parte el secretario de Educación Pública, José Manuel Puig Casaurac (1888-1939) declaró a la prensa que la Academia debía transformarse en una escuela libre de arte, anulando todos los aspectos académicos. La tensión entre los dos proyectos educativos, el libre y el académico, se fue agudizando. Este artículo es uno de los varios publicados en la época sobre el tema y da una visión de las posturas de ambos sectores antagónicos sobre la educación libre. Además, da cuenta de aquella propuesta según la cual las Escuelas de Pintura al Aire Libre pasaran a formar parte del Departamento de Bellas Artes. Lo cual sucedió en 1929, y fue idea original del propio Roberto Montenegro (1885-1968).