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El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) convocó a todos los pintores, sin distinción de tendencias, a participar en el primer Salón Anual de Pintura. Para la selección de obras y premios fue nombrado un jurado constituido tanto por escritores como por críticos de arte: Justino Fernández, Paul Westheim, Antonio Rodríguez, Luis Cardoza y Aragón, Enrique Gual, Rafael Anzures e Inés Amor. El nombramiento de este jurado desencadenó gran agitación; que si unos eran extranjeros, que si otros eran comunistas, que si los demás eran partidarios del arte abstracto. Un grupo de pintores —integrado por los escisionistas del Frente Nacional de Artes Plásticas constituido por Juan O’Gorman, Jorge González Camarena, Raúl Anguiano y otros— había solicitado al director del INBA, Celestino Gorostiza, que aceptara en el jurado a O’Gorman y a Carlos Orozco Romero. El director eliminó a Westheim y a la señora Amor, nombrando a los dos pintores antes mencionados. Sin embargo, David Alfaro Siqueiros desaprueba la inclusión de los pintores escisionistas y el día del certamen la policía les prohibió el paso.
En este certamen, el primer premio fue otorgado al pintor, escultor y grabador zacatecano Pedro Coronel (1923-85) por su cuadro La lucha; el segundo a Luis Nishisawa, el tercero a Jorge González Camarena (1908-80) y el cuarto a Leonora Carrington (1917-). El premio a Coronel había causado gran descontento pues los pintores realistas consideraban que este premio estimulaba la pintura semifigurativa, vinculada con la Escuela de París, la que formal e ideológicamente se oponía a las obras realizadas por los pintores de la Escuela Mexicana de Pintura. Por su parte, los miembros del jurado admitían que el premio buscaba abrir nuevos caminos a la pintura en México. Aunque el cuadro de Coronel respondía a un estilo “primitivo”, en aquel entonces se pensaba que era pintura no objetiva, “en la cual predomina el brillante colorido y muchos lo consideran un gran tapete decorativo”.