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En la entrevista presentada por Vicente Fé Álvarez a David Alfaro Siqueiros se muestra claramente la opinión del artista acerca del muralismo en la actualidad y el cómo Siqueiros ha tratado de cambiar su función. La pintura mural es comparada por él con la cinematografía, diciendo que todo es una unidad y debe verse en varios planos con una perspectiva curvilínea. En cambio, a su juicio, la pintura de caballete es como la fotografía. Se trata de una composición que engaña a los ojos y es vista desde una perspectiva tradicional, poniendo al espectador como si fuera una estatua fija. A partir de esta teoría “revolucionaria”, el artista juzga que Diego Rivera se ha quedado estancado, así como Rufino Tamayo es un defraudador de masas.
El periodista Vicente Fe Álvarez enfatiza las discusiones entre las diferentes generaciones de muralistas: David Alfaro Siqueiros (1896-1974), Diego Rivera (1886-1957), Rufino Tamayo (1899-1991) y Juan O’Gorman (1905-82). La relevancia del artículo, sin embargo, radica en las palabras de Siqueiros que explican su nueva concepción del mural, a partir de los análisis hechos en base tanto a la mirada del espectador como al espacio. A partir de sus trabajos en Chillán, al sur de Chile y en La Habana, Cuba, Siqueiros concibió la “plástica integral”, tomando en cuenta las características espaciales, así como la mirada del espectador, logrando una percepción poliangular. Es decir, que desde cualquier punto en que el observador vea el mural, el espacio real desaparece, dando lugar a una continuidad de la imagen que va anulando los diferentes ángulos sobre los que ha sido pintada. La pintura mural que Siqueiros propone en ese momento se aleja de la pintura frontal tradicional, la cual se hizo en los primeros años del muralismo. Con ello viene a dar paso a una pintura mural “dinámica” que pudiera percibirse desde cualquier punto de observación, implicando una diversidad de lecturas.