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Resumen

El autor señala, en los cuadros expuestos en Lima de Rufino Tamayo, una doble herencia americana: culturas indígenas y cultura occidental. Yendo contra de lo que denomina “americanismo” o bien “indigenismo absoluto”, Alejandro Lora Risco subraya la importancia de los valores universales —identificables con lo europeo y con la cultura en general— procurando atisbar así una cultura mestiza propia. La tarea, a su juicio, es “hacernos comprender” a través del lenguaje universal “con que otros nos comprenderían”. Siguiendo esa línea, considera que el pintor oaxaqueño “ha logrado consumar dentro de la plástica, el proceso total de nuestra cultura americana que tiende hacia una indigenización de su concepto del mundo”. Para Lora, Tamayo pone en evidencia que es imposible prescindir de la cultura universal cuando se torna necesario “descender a las raíces de nuestra peculiaridad cósmica e indígena”. Finalmente, Lora opina que, “para ser esencialmente indígenas por nuestra emoción” se requiere únicamente ser artistas.

Comentarios críticos

Último de dos artículos en torno a una posible expresión cultural americana propia, escritos por el ensayista Alejandro Lora Risco a propósito de las obras de Rufino Tamayo, exhibidas en Lima durante la muestra de arte mexicano, organizada por el diario La Crónica.

 

Acogida y exhibida en Lima (junio de 1954) por el diario La Crónica, la exposición de arte mexicano confrontó al medio local con la plástica moderna de ese país. Aunque no era la primera ocasión en la que se mostraban obras de ese origen, la magnitud de la muestra superaba todos sus precedentes. Su importancia era incuestionable en un contexto polarizado por el debate en torno a la abstracción; polémica abierta el mes anterior por la exposición de algunos pintores italianos contemporáneos. Ese marco tornó más significativa la discusión sobre las obras de México, acentuada incluso por el frecuente paralelo cultural establecido entre ese país y el Perú. Uno de los críticos destacados de la abstracción, el escritor Sebastián Salazar Bondy (1924–65), dedicó dos enfáticos artículos a valorar la exhibición mexicana, proponiéndola como ejemplo de un arte “nacional” que es, a la vez, contemporáneo [véanse en el archivo digital ICAA, “Artes Plásticas (7 de junio de 1954) (doc. no. 1137991) y “Artes Plásticas (9 de junio de 1954)” (doc. no. 1138006) de Bondy]. En respuesta a ello, el principal ideólogo del modernismo local, arquitecto Luis Miró Quesada Garland (1914–94), rechazó la existencia de una “escuela” mexicana, al remarcar sus deudas formales con la modernidad europea [“En blanca y negra...”, por Garland (doc. no. 1138030)]. Sin embargo, la reflexión más sistemática estuvo a cargo de uno de los organizadores de la exposición, el ensayista y pintor aficionado Alejandro Lora Risco (1918–2001); quien puso en destaque la figura de Rufino Tamayo (1899–1991) como posibilidad de una expresión artística “mestiza”. Su validez radicaba en despojar a la “americanidad” de cualquier programa o anécdota, identificando al unísono universalidad y cultura occidental [véanse los artículos de Alejandro Lora Risco: “Nuestros artistas presentes…” (doc. no. 1150959);  “Hacia la indigenización de nuestro concepto del mundo” (doc. no. 1150993)]. 

Investigador
Ricardo Kusunoki
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru
Crédito
Reproduced with the permission of Pedro Lora Lezaeta, Santiago, Chile