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Resumen

El pintor Aquiles Ralli rechaza el comentario de Fernando de Szyszlo convertido (en 1951) en escándalo nacional: “en el Perú no hay pintores”. Contrapone, en cambio, la labor de los “buenos artistas”, aquellos que afanosamente “trabajan en silencio y nunca se hacen propaganda”, con lo que considera la actitud sensacionalista y publicitaria de Szyszlo. En su opinión, los indigenistas peruanos (José Sabogal y Julia Codesido, ambos maestros de Ralli) son los dos únicos pintores verdaderos en el país, ya que “los demás pintan solamente”. Señala a las imitaciones como un recurso fácil de artistas carentes de inspiración, actitud agravada por la difusión teórica que legitima todo tipo de propuestas artísticas. Cuestiona la reproducción como valor: “lo que ya está hecho, no puede considerarse como una actividad artística, sino como una actividad manual”. Aunque admira a los grandes artistas, Ralli rechaza cualquier copia, ya que la trayectoria de un hombre o artista es, a su juicio, intransferible.

Comentarios críticos

Esta es la intervención del pintor Aquiles Ralli en el debate suscitado por las polémicas declaraciones de Fernando de Szyszlo —“en el Perú no hay pintores”— publicadas por el diario La Prensa (Lima, 2 de junio de 1951) a propósito de su exposición de cuadros abstractos en la Sociedad de Arquitectos del Perú en la capital peruana.

En el contexto peruano, los debates sobre la abstracción se abrieron con la discusión provocada por las declaraciones del pintor Fernando de Szyszlo (n. 1925) a su regreso de París en 1951, con su famosa afirmación de “en el Perú no hay pintores” [véase en el archivo digital ICAA “Dice Fernando Syszlo que no hay pintores en el Perú ni América: el joven pintor peruano declara sentir su pintura y la de los demás pero no puede explicarla” (doc. no. 1137793)]. Sin embargo, estos alcanzaron mayor intensidad durante los años 1954 y 1955, debido a la injerencia tanto del arquitecto Luis Miró Quesada Garland (1914–94) como del escritor Sebastián Salazar Bondy (1924–65), los principales ideólogos del antagonismo entre abstracción y realismo, respectivamente. El primer altercado entre ambos lo motivó la polémica muestra de pintores italianos contemporáneos, exhibida en la Galería de Lima, en mayo de 1954. El lenguaje no-figurativo de esas obras fue entonces percibido como insólito; en particular, en referencia a los experimentos con materiales llamados “pobres” de Alberto Burri (1915–95). Esto ocasionó las críticas de Antonio Flórez Estrada (1898–1954) [vea su artículo “De arte: la muestra de óleos de pintores italianos contemporáneos en la Galería de Lima” (doc. no. 858745)] o bien de Salazar Bondy, quienes le negaron cualquier posibilidad de trascendencia a la abstracción. La respuesta contraria vino de Luis Miró Quesada Garland [vea “Opinión sobre las críticas al arte abstracto” (doc. no. 858807)] y que originó un áspero intercambio con Salazar Bondy, quien defendía, a capa y espada, el compromiso social del artista en la obra de arte.

[Para más información, consulte también los textos de Salazar Bondy, con el pseudónimo de “Juan Eye”, con el mismo título de “Artes plásticas: sobre arte abstracto” (doc. no. 858965), (doc. no. 859038) y (doc. no. 859095). Además, vea los artículos de Miró Quesada Garland “Sobre el arte abstracto” (doc. no. 858994) y (doc. no. 859071)].

Investigador
Ricardo Kusunoki
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru