Documents of 20th-century Latin American and Latino Art

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Resumen

El redactor anónimo de esta nota periodística contrasta el aprecio de los intelectuales y artistas peruanos —por la obra del español Victorio Macho— con la acogida que los mismos brindaran a María Izquierdo como “embajadora de una hipotética estética nativista de América”. En su opinión, ambas actitudes serían antagónicas “cuando se ve que es muy relativo el buen gusto de María Izquierdo y muy audaz su desprecio por los conocimientos de anatomía” a ser exigidos de cualquier pintor que se precie. Sin embargo, reconoce haber en la pintora mexicana una fuerte personalidad artística. Señala que la ocasión de su visita al Perú es precisa para “echar un vistazo a la tan cacareada pintura revolucionaria de algunos pintores mejicanos”. Juzga que la obra de Izquierdo está “más cercana a la caricatura”, un valor estético dudoso, y a su localismo carente de valor universal; tal sería la primera condición para crear una “escuela”. En ese sentido, la poca trascendencia del “llamado arte revolucionario” respondería a que “hay en él mucho de falso”. No obstante, remarca que (por ser “cholistas”) los mejicanos “están a muchos codos por encima de los indigenistas” peruanos. La temática racista y su vehemencias de justicia social no llevan a nada: “[m]ientras menos indigenistas seamos en arte, estaremos más cerca del arte”. 

Comentarios críticos

Comentario anónimo a la exposición de la pintora mexicana María Izquierdo en el Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Lima (Perú). 

 

A mediados de agosto de 1944, arribó a Lima María Izquierdo junto con su esposo Raúl Uribe Castillo, también pintor, ambos enviados en misión cultural por el Ministerio de Educación Pública de México. En contraste con la actividad fugaz en la capital peruana de David Alfaro Siqueiros el año anterior (una conferencia a favor de la causa aliada), la pintora mexicana presentó sus obras en el Instituto Cultural Norteamericano de Lima. Se trataba de una ocasión excepcional para apreciar el movimiento artístico de su país a través de una de sus figuras destacadas, lo que no se había presentado desde 1937, año en que se exhibió en Lima la colección del embajador Moisés Sáenz. La presencia de Izquierdo coincidió con un momento de repliegue del indigenismo, desplazado un año antes del principal centro de enseñanza artística del país con la destitución de José Sabogal de la dirección de la ENBA. En esa ocasión, la artista no olvidó remarcar la similar actitud “americanista” que existía entre el muralismo mexicano y el indigenismo, movimientos embarcados en la búsqueda de una estética propia, ajena a influencias europeas. Representaba una vindicación del programa nacionalista, de forma tal que los intelectuales y artistas vinculados al indigenismo se encargaron de promover la muestra. La radicalidad de su obra motivó la actitud reticente de Raúl María Pereira (1916–2007), el principal impulsor de la renovación cosmopolita de la plástica local. Este crítico modernista consideraba buena parte de las indagaciones primitivistas de Izquierdo como meramente decorativas, opuestas al rigor formalista y austero de la “plástica pura”; no obstante, reconoce la expresividad de lo exhibido para la reflexión del medio artístico local. 

Investigador
Ricardo Kusunoki
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru