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Resumen

El redactor de la entrevista con las hermanas Izcue, Elena y Victoria, señala que se trata de “notables artistas nacionales que han sabido difundir nobles motivos del arte peruano” en el extranjero. Resalta su esfuerzo en darse a conocer en Francia por medio de “un caso asombroso de identidad de anhelos”. Añade que ambas poseen personalidades distintas: Victoria la modestia y la quietud, mientras que Elena, por el contrario, proyecta en sus gestos incesante dinamismo. Recién llegan de Nueva York, donde decoraron el Pabellón Peruano en la Feria Mundial (1939), con gran éxito. Señala en destaque un trabajo que efectuaron durante varios meses en esa ciudad: una colección de dibujos de arte peruano precolombino que sería editada por la Carnegie Corporation neoyorquina. Elena opina sobre las diferencias de apreciación del arte peruano entre franceses y norteamericanos, indicando que los segundos lo comprenden mejor: “Los museos que hemos visitado en Estados Unidos, donde había piezas y documentos de la historia peruana son infinitamente mejores que sus similares en Francia”. Al comentar futuros proyectos, ambas declaran seguir inspirándose en motivos nacionales para sus creaciones.

Comentarios críticos

Entrevista a las artistas peruanas Elena y Victoria Izcue a su regreso al Perú (1939), después de doce años en Francia y los Estados Unidos. En la década de veinte da inicio un movimiento moderno de recuperación de la estética precolombina; marca el desarrollo de la arqueología en el Perú y la búsqueda de fuentes de la identidad nacional propugnada, en esa época, por el indigenismo. Hay un interés de parte de artistas, investigadores e intelectuales en el uso de los motivos precolombinos para adaptarlos (en las artes decorativas y funcionales) a la vida contemporánea. La artista Elena Izcue fue decisiva en este movimiento. Alejada del grupo indigenista —dirigido por José Sabogal (1888–1956)— destacan sus obras de diseño textil y artes aplicadas que la vincularon con la industria de la moda de París y Nueva York. En 1927, gracias a una pensión por dos años que les concede el estado peruano, Elena y su hermana Victoria viajan a la capital francesa a consolidar sus estudios artísticos. En diversos talleres y fábricas logran una sólida carrera en el campo de las artes decorativas, por medio de telas impresas con diseños inspirados en el arte prehispánico; sus piezas fueron adquiridas por la prestigiosa Casa Worth, casas de modas y clientes particulares. En 1935 viajan a Nueva York y presentan —gracias a la filántropa Anne Morgan (1873–1952)— una exhibición de arte moderno por Elena y Victoria Izcue, con textiles y ceramios preincaicos en las galerías del edificio Fuller. Terminada la muestra, permanecieron en esta ciudad unos meses atendiendo pedidos para distintas firmas. A mediados de 1936, retornan a París y retoman el diseño de telas. Son convocadas para decorar el Pabellón Peruano en la Feria Internacional de Arte y Técnica de París (1937) con maquetas, fotografías y muestras industriales que daban una imagen moderna del Perú, así como obras de artistas contemporáneos; además, en el salón de honor, se exhibieron obras de las Izcue y piezas prehispánicas.

En 1938, ante la inminencia de la Segunda Guerra Mundial, las hermanas Izcue deciden regresar al Perú, pasando antes por Nueva York. Allí, fueron comisionadas para asesorar la decoración del Pabellón Peruano en la Feria Mundial, dedicado a difundir las obras públicas y sociales efectuadas por el gobierno de Presidente Benavides (1933-39), por lo que la participación de las Izcue se limitó a la disposición de las salas y objetos del pabellón. A mediados de 1939 llegaron a Lima y en 1940 se creó el Taller Nacional de Artes Gráficas Aplicadas, bajo la dirección de Elena y la administración de Victoria. Desde 1941, llevan a cabo un proyecto de desarrollo artesanal en el norte del país, centrado en los tejidos tradicionales de paja. En diferentes ciudades se establecen escuelas-talleres bajo la asesoría de las Izcue, quienes buscaron levantar el nivel artístico de los trabajos originales, mejorando el acabado y proponiendo nuevos diseños. Destaca la ausencia del uso de motivos derivados del arte precolombino; el interés era rescatar y perfeccionar los métodos tradicionales para aplicarlos al diseño contemporáneo. Las funciones públicas de las Izcue concluyen hacia inicios de la década de cincuenta. Los últimos veinte años de su vida, Elena los dedicó a realizar diseños textiles, así como dibujos y pinturas de interés más personal e íntimo.

[Véase en el archivo digital ICAA los textos: “El arte peruano en la escuela”, por Elena Izcue (doc. no. 1146099); “Un noble ideal artístico: las hermanas Izcue en París”, por De Racso (doc. no. 1144316); “Una artista peruana en París”, por Elvira García y García (doc. no. 1144288); “Un loable esfuerzo por el arte incaico: Prólogo”, Ventura García Calderón (doc. no. 1144261); “En el Museo Nacional: un ensayo de decoración estilo incaico”, por Alberto J. Martínez (doc. no. 1144009); “Las señoritas Izcue y el arte del antiguo Perú”, Rafael Larco Herrera (doc. no. 1143993); y “Manuel Piqueras Cotolí”, por Manuel Solari Swayne (doc. no. 1141324)].

Hay el estudio sobre Elena Izcue, el libro El arte precolombino en la vida moderna (Lima: MALI, 1999), escrito por Luis Eduardo Wuffarden y Natalia Majluf.

Investigador
Gabriela Germaná Roquez
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru