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Resumen

Carta remitida por Mariano Ibérico en respuesta al pintor Antonino Espinosa Saldaña, quien le solicita su opinión sobre la polémica en torno al curso de arte incaico dictado en la ENBA (Escuela Nacional de Bellas Artes) de Lima. Ibérico destaca la “discusión de los problemas capitales de nuestra cultura” para la creación de una “atmósfera intelectual” que propicie el desarrollo y renovación de ideas. En abierta oposición a Espinosa Saldaña, considera que todas las manifestaciones artísticas prehispánicas (realistas o decorativas) “acusan una definida voluntad de forma”, es decir, un propósito de “crear belleza”. Por consiguiente, queda implícito el uso del término “arte” para definirlas, por encima de “que ese propósito estuviera condicionado por el destino extra-estético del objeto o por diferentes factores”. El carácter industrial atribuido a estas piezas por Espinosa Saldaña implica la “expresión de una voluntad estética colectiva, actuando por órgano del ejecutor individual”. Reconoce en las formas prehispánicas un contenido mayor al ornamental; por otra parte, considera que Occidente distancia a los peruanos de manifestaciones originarias andinas. A su juicio, es válida la enseñanza del curso, pero diferenciando entre las preferencias individuales por la temática indígena y la real definición de un arte nacional.

Comentarios críticos

En abril de 1930, dentro del clima nacionalista imperante en los círculos intelectuales peruanos, se abrió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima el curso de “Arte incaico”. La materia fue encomendada a Augusto Aguirre Morales (1888–1957), escritor famoso en aquel momento por su novela El pueblo del Sol (1924 y 1927), recreación idealizada de la vida del Tahuantinsuyo o Imperio de los incas. Aunque su título y programa revelaban un acercamiento más bien literario al tema, el curso buscaba erigir al legado precolombino en referente para la configuración de un arte “nacional”. Sin embargo, su pertinencia para la formación profesional de los pintores se veía confrontada por la lógica del revival ornamental de la mayor parte de apropiaciones de lo prehispánico. En esta línea, el pintor Antonino Espinosa Saldaña cuestionó no sólo la generalidad del nombre del curso, sino también la trascendencia del arte precolombino y su influencia en las “bellas artes” del Perú. [Para más información, consulte en el archivo digital ICAA de Antonino Espinosa Saldaña los siguientes artículos: “Ensayo sobre la estética del arte pre-colombino” (doc. no. 1143685); “A propósito del curso de ‘arte incaico’ en la Escuela de Bellas Artes” (doc. no. 1143553); y “A propósito del curso: carta abierta (doc. no. 1143520)]. Anhelando definir la identidad nacional en términos estrictamente occidentales, Espinosa Saldaña dirigió sus críticas contra quienes identificaban lo indígena (pasado o actual) y lo “peruano”. Si bien las réplicas de Aguirre Morales localizaron lo precolombino en el terreno de las artes decorativas o la pintura historicista, reivindicaron su papel como ejemplo de la concordancia entre el hombre y el entorno local. Identificaron lo indígena como única “herencia” capaz de configurar una identidad específicamente “indoamericana”.

 

El debate se prolonga no solo en el ensayo escrito por Espinosa Saldaña (1888–1969), sino además en las respuestas remitidas por diversos intelectuales y artistas a sendas cartas cursadas por este solicitando pareceres sobre el tema, con la intención de editar un folleto que nunca llegó a publicarse. La abstención del pintor José Sabogal (1888–1956) constituye un elocuente ejemplo del interés prioritariamente etnográfico del indigenismo. Participaron, entre otros, el arquitecto Héctor Velarde (1898–1989) y Mariano Ibérico (1892–1974).

Investigador
Ricardo Kusunoki
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru