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Resumen

En esta carta, Héctor Velarde responde a pedido del pintor Antonino Espinosa Saldaña, sobre el debate provocado por la instauración de un curso de “arte incaico” en la ENBA (Escuela Nacional de Bellas Artes). El autor considera que el humor determina la “humanidad” del arte, lo que no sucede con las manifestaciones artísticas incas: “Yo no he visto nada más horriblemente serio”. Rechaza así la existencia de un arte (o arquitectura) en cuyas construcciones el elemento arquitectónico es nulo. Aunque reconoce haber cierta ornamentación incaica, subraya que “la decoración en arquitectura está en sus propios elementos. Lo demás es teatro”. Velarde muestra sus valores: “[F]uera del Partenón, de las catedrales góticas, de los azulejos árabes y de Le Corbussier, lo demás son iniciaciones o derivaciones”. En este sentido, “esos productos de abejas o de hormigas misteriosas [la arquitectura inca] son dignos de toda consideración”, aunque deben de enseñarse como la flora o la fauna, como paisaje “de montañas de granito”, pero nunca como un curso específico de arte.

Comentarios críticos

Carta remitida por el arquitecto y escritor peruano Héctor Velarde en respuesta al pintor Antonino Espinosa Saldaña, quien le solicitara su opinión sobre la polémica en torno al curso de "arte incaico" dictado en la ENBA (Escuela Nacional de Bellas Artes) en la capital peruana. En abril de 1930, dentro del clima nacionalista imperante en los círculos intelectuales peruanos, se abrió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima el curso de “Arte incaico”. La materia fue encomendada a Augusto Aguirre Morales, escritor conocido por su novela El pueblo del Sol (1924 y 1927), recreación idealizada de la vida del Tahuantinsuyo o Imperio de los Incas. Aunque su título y programa revelaban un enfoque más bien literario al tema, el curso buscaba erigir al legado precolombino en referente para la configuración de un “arte nacional”. Sin embargo, su pertinencia para la formación profesional de los pintores se veía confrontada por la lógica del revival ornamental característico de las apropiaciones de lo prehispánico. En esa línea, el pintor Antonino Espinosa Saldaña (1893–1969) cuestionó no sólo la generalidad del nombre del curso, sino también la trascendencia del arte precolombino y su influencia en las “bellas artes” del Perú. Procurando definir la idea de identidad nacional en términos occidentales, Espinosa dirigió sus críticas contra aquéllos que igualaban “lo indígena” (pasado o actual) con “lo peruano”. Las réplicas (como las de Augusto Aguirre) habían identificado lo indígena como única “herencia” capaz de configurar una identidad “indoamericana”. El debate se prolongó no sólo en un ensayo escrito por Espinosa, sino en la prensa por medio de cartas de intelectuales (Héctor Velarde y Mariano Ibérico, entre ellos). Más allá del debate propiamente plástico, el silencio elocuente de José Sabogal revela el interés prioritariamente etnográfico del indigenismo.

[Véase también en el archivo digital ICAA la carta: “Lima, a Antonino Espinosa Saldaña, 25 de junio de 1930”, por José Sabogal (doc. no. 1143586); y el texto “Inauguración de las clases de arte incaico en la Esc. de Bellas Artes: asistirá el Ministro de Instrucción” (doc. no. 1143505)].

Investigador
Ricardo Kusunoki
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru
Crédito
Courtesy of private archives Leonor Velarde de Cisneros, Lima, Peru