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Resumen

El pintor Antonino Espinosa encabeza esta carta abierta cuestionando la pertinencia del curso “Arte incaico” en la ENBA —a cargo del escritor Augusto Aguirre, autor de la novela El pueblo del sol— al afirmar que las manifestaciones artísticas prehispánicas trascendentes antecedieron al Imperio inca. Más aún, por su carácter ornamental, su estudio carece de importancia para artistas no dedicados a la decoración. Aunque elogie la cerámica y textilería precolombinas, señala que fueron producto “de un espíritu singular que no se propuso crear belleza, sino reproducir lo que era necesario para representar ideas, sentimientos y costumbres”; de allí que sean aprovechables únicamente como repertorios ornamentales. Como redactor de la carta, Espinosa rechaza el revival arquitectónico “incaico”; en su opinión, “molestas aglomeraciones de monstruos incomprensibles que nada nos expresan”. El autor cuestiona el énfasis programático en “lo indígena” porque se ha abusado de proyectarlo como “estilo de un pueblo” y no ha sido más que una imitación artificial fuera de contexto.

Comentarios críticos

Esta es la carta abierta remitida por el pintor Antonino Espinosa Saldaña a propósito de la apertura del curso de “Arte incaico” en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima, a cargo del escritor Augusto Aguirre Morales.

 

Procurando definir la idea de identidad nacional en términos occidentales, Espinosa dirigió sus críticas contra aquellos que igualaban “lo indígena” (pasado o actual) con “lo peruano”. Las réplicas (como las de Augusto Aguirre) habían identificado lo indígena como única “herencia” capaz de configurar una identidad “indoamericana”. El debate se prolongó no sólo en un ensayo escrito por Espinosa, sino en la prensa por medio de cartas de intelectuales (Héctor Velarde y Mariano Ibérico, entre ellos). Más allá del debate propiamente plástico, el silencio elocuente de José Sabogal revela el interés prioritariamente etnográfico del indigenismo.

 

A inicios de la década de 1930 surgió en Lima un cenáculo artístico: Los Duendes, un grupo de pintores aficionados, cultores de un simbolismo de raigambre literaria con elementos art déco, cuya propuesta estética se erigió como alternativa en un contexto bajo el predominio pictórico indigenista. Reunidos en torno al poeta José María Eguren (1874–1942), la primera y única intervención colectiva de estos “Independientes peruanos” fue en junio de 1931. Antonino Espinosa Saldaña fue el único integrante del grupo que desarrolló una carrera artística sostenida, aunque no haya participado de la muestra. Tal vez por ello, su obra generó un breve intercambio de opiniones sobre la elusiva ubicación de este tipo de propuestas en las coordenadas artísticas locales. En diciembre de 1933, Espinosa exhibió en Lima un conjunto de cerámicas y témperas, donde se incluía la interpretación pictórica (lindante con la abstracción) del Bolero de Maurice Ravel. Con títulos como El tiempo o La inteligencia, las obras apelaban a una densidad alegórica encajada en un género y estilo considerados “decorativos”. Esta contradicción fue señalada por el crítico Carlos Raygada, quien cuestionó la pertinencia del tímido experimentalismo presente en algunos estudios de “movimiento”. Por otra parte, el todavía no identificado F. H. Dursself elogió el dinamismo presente en tales obras, afirmando su carácter germinal para una nueva vanguardia.

 

[Para más información, véanse en el archivo digital ICAA los siguientes textos: de Antonino Espinosa Saldaña “A propósito del curso de ‘arte incaico’ en la Escuela de Bellas Artes” (doc. no. 1143553); y de Augusto Aguirre Morales “A propósito del curso de ‘arte incaico’ en la Escuela de Bellas Artes” (doc. no. 1143570)].

Investigador
Ricardo Kusunoki
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru
Crédito
Courtesy of Antonio Espinoza Laña, Lima, Peru