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Resumen

Columna anónima de comentarios culturales en la que se consignan posiciones opuestas ante el premio declarado desierto en el concurso convocado por el llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas en su primera fase (1968-1970) para crear el retrato oficial del precursor indígena de la independencia, Túpac Amaru II. Tras aludir a la ya difundida protesta del pintor peruano Milner Cajahuaringa y de Manuel Araníbar (acaso pariente del historiador Carlos Araníbar), el periodista realiza una serie de aclaraciones, como la de precisar que la entidad convocante no fue la Casa de la Cultura del Perú, sino el Ministerio de Educación, y que las bases del concurso facultaban al jurado a declarar desierto el certamen. Asimismo, se precisa que la conformación del jurado fue por Resolución Ministerial e incluía a Juan Manuel Ugarte Elespuru (director de la Escuela Nacional de Bellas Artes), Franklin Pease (director del Museo Nacional de Historia), Francisco Statsny (director del Museo de Arte e Historía de San Marcos), el General Felipe de la Barra (director del Centro de Estudios Histórico-Militares) y José Miguel Oviedo, director de la Casa de la Cultura del Perú.

Por último se recogen los comentarios atribuidos a uno de estos miembros, sin mencionar su nombre, quien habría opinado que no se pudo encontrar ganador entre las más de cincuenta obras presentadas, “porque casi todos los pintores peruanos son abstractos, no saben dibujar una mano”.

 

Comentarios críticos

Esta nota tiene el interés de evidenciar cómo los rezagos de la polémica sobre la abstracción, cuyo auge se dio en la década de 1950, llegan a manifestarse una generación después en las discusiones provocadas por la necesidad política de una representación artística. José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, fue un curaca (cacique) de estirpe incaica que en 1780 lideró la más importante rebelión andina contra el imperio español. Relegado en la historiografía criolla tradicional, su figura fue asumida como emblema por el llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas durante su primer periodo (1968-1975), caracterizado por reformas socializantes y por su fuerte interés en la representación simbólica. La carencia de retratos de época dio lugar a la convocatoria de un concurso oficial, cuyo sentido polémico se acentuó por la drástica decisión de no reconocer calidad premiable a ninguna de las noventa y ocho propuestas presentadas. Uno de los pintores a los que se le adjudicó mención honrosa, Milner Cajahuaringa, prefirió renunciar públicamente a ese reconocimiento. La propuesta de una segunda convocatoria no llegó a concretarse. El jurado reunía a las cabezas de casi todas las instituciones representativas del quehacer plástico institucional.

 

Investigador
Daniel Contreras Medina
Equipo
Museo de Arte de Lima, Lima, Peru